Se está haciendo la evaluación de impacto de los resultados positivos tras la implantación de proyecto piloto en Senegal y Malawi. Un estudio ayudará a Brasil a evaluar el programa

Nasfam final

Agricultores en Malawi: la adaptación del Fomento a dos países africanos mostró la importancia de la transferencia de renta para que los agricultores familiares ejecuten proyectos de plantación y de cría de animales. Foto: NASFAM/Malawi

Brasilia, 6 de enero de 2017— Tras el PAA África, continúa el intercambio de conocimientos en políticas de desarrollo rural entre Brasil y países del continente africano. Un proyecto piloto conducido por el Instituto Internacional de Investigación en Políticas Alimentarias (IFPRI) ha adaptado el Programa Fomento, creado en Brasil en 2011, a Malawi y Senegal. Los resultados de los dos primeros años de la iniciativa, entre 2014 y 2016, fueron revelados el mes pasado a un grupo de gestores del gobierno brasileño. Una parte de los datos son aún preliminares.

En su primer año en Senegal, el proyecto aumentó el valor bruto de la producción agrícola de las familias en 404 000 francos CFA, lo equivalente a unos 800 dólares, un crecimiento del 45%. Por su parte, el valor de las granjas de animales subió un 35%, mientras que el gasto con insumos agrícolas creció un 39%.

Vea la presentación con los resultados detallados (en inglés)

Todos los datos comparan los grupos que recibieron los beneficios del programa con grupos de control. El IFPRI realizó estudios comparativos (randomized controlled trials, RCT) para distinguir las consecuencias del Fomento sobre la renta, la producción y los gastos de las familias.

En su idea original, el programa tiene como principales objetivos la seguridad alimentaria y la inclusión productiva de los agricultores familiares. Para ello, aúna servicios de asistencia técnica y transferencia de renta. El estudio pone de manifiesto la importancia de la combinación de ambos factores para los resultados obtenidos.

En el caso de Malawi, por ejemplo, los investigadores Alan de Brauw, Kate Ambler y Susie Godlonton, del IFPRI, defienden en la presentación que «la extensión y las transferencias son más efectivas que las transferencias por sí solas».

Para Brasil, los resultados, aún preliminares, tienen una doble función: al tiempo que muestran la adaptabilidad del programa a otros contextos, refuerzan la necesidad de una evaluación de impacto del propio programa en Brasil, algo que aún no se ha hecho.

«Los resultados son alentadores y subrayan la importancia de aplicar una evaluación comparada bien diseñada del fomento rural en Brasil», afirmó Vitor Pereira, Director de Evaluación de la Secretaría de Evaluación y Gestión de la Información del Ministerio de Desarrollo Social y Agrario (MDSA).

Es su opinión, el estudio muestra «la importancia del componente de transferencia de renta del Fomento, ya que los servicios de extensión y los planes de manejo por sí solos no hacen que la familia produzca más».

En Brasil, el Fomento es de responsabilidad del MDSA y de la Secretaría Especial de Agricultura Familiar y de Desarrollo Agrario (SEAD), dependiente actualmente de la Casa Civil de la Presidencia de la República.

Entre 2012 y 2016, el proyecto atendió a 120 000 familias en la región del semiárido brasileño, según datos del MDSA. La cuantía que se transfiere a los agricultores es de R$ 2.400 (aproximadamente USD 730).

Adaptación
El proyecto emprendido por el IFPRI reformuló el Fomento para el contexto de Senegal y Malawi. «Fuimos fieles a los principios generales del programa, pero todo el resto del trabajo radica en los detalles, que son diferentes», afirma Alan de Brauw, investigador sénior del instituto, que estuvo en Brasil en diciembre para presentar los resultados (vea la entrevista al final).

Por ejemplo, al no haber un Registro Único o una base de datos nacional, los agricultores familiares fueron seleccionados en ambos países no con ayuda del gobierno federal, sino con el apoyo de asociaciones rurales: la Federación de Organizaciones No Gubernamentales de Senegal (FONGS) y la Asociación Nacional de Agricultores Familiares de Malawi (NASFAM).

La liberación de los pagos también siguió trámites particulares, ya fuera por el calendario de las lluvias (Senegal) o por el pago en especie (Malawi) y no mediante una tarjeta magnética, como se hace en Brasil.

El proyecto contó con la financiación del Departamento para el Desarrollo Internacional de Reino Unido (DFID, por sus siglas en inglés).

Tres preguntas para Alan de Brauw

Marco Prates/WWP

 

 

 

Alan de Brauw es Investigador Sénior del IFPRI y tiene una gran experiencia en estudios sobre la evolución del mercado laboral rural en países en desarrollo, así como sobre el papel de los insumos en la reducción de la pobreza entre agricultores familiares. Participó en la evaluación de impacto del Programa Bolsa Familia en Brasil, así como en la de la introducción del boniato naranja para la reducción de la deficiencia de vitamina A en Mozambique y Uganda.

En su opinión, el proyecto en Senegal y Malawi tiene otros efectos positivos más allá de los resultados encontrados hasta el momento, como explica en una entrevista a la Iniciativa Brasileña de Aprendizaje por un Mundo sin Pobreza (World without Poverty, WWP).

WWP – ¿Cuáles han sido los resultados más destacados obtenidos al exportar del Programa Fomento?
Alan de Brauw – Aún estamos analizando los resultados de Malawi, pero hemos descubierto impactos positivos en los medios de subsistencia en Senegal, tanto en términos de producción agrícola el primer año como de cría de animales en el segundo.

WWP – ¿Los resultados en Senegal y en Malawi dependen de la combinación de servicios de extensión y transferencias de dinero, o este último por si solo tiene un papel considerablemente mayor?
Brauw – Nosotros creemos que es importante una combinación de ambos, que de hecho se complementan, pero no tenemos muchos datos hasta el momento. Aún estamos trabajando en desarrollarla en Malawi, donde se hizo el estudio transversal. Podemos decir que las transferencias definitivamente ayudaron a las familias a seguir las recomendaciones o consejos que recibieron durante la extensión, y tal vez hayan ayudado en Malawi simplemente porque eran recursos dirigidos a la agricultura.

WWP – Además de los resultados de seguridad alimentaria, ¿existen otros efectos positivos de la implementación del programa?
Brauw – En ambos países realizamos un fortalecimiento de capacidades dentro de las organizaciones con las que trabajamos. Esa es otra repercusión positiva del proyecto. También mantuvimos contactos con ministerios brasileños para mostrarles cómo llevamos a cabo ese proceso, y para decirles: «Miren, si evalúan el proyecto con un método realmente riguroso, es fácil explicar los resultados e impactos». Aún no se ha hecho esa evaluación en Brasil y eso lo que queremos mostrar.

Vea nuestro video sobre una exitosa implementación del Fomento en Bahía

Marco Prates, WWP