La falta de acceso a una enseñanza de buena calidad, salud, electricidad, agua potable y otros servicios fundamentales sigue siendo una realidad para millones de personas en todo el mundo, ya sea por factores socioeconómicos, de género, etnia o geografía. Por eso, la Iniciativa Brasileña de Aprendizaje por un Mundo sin Pobreza (World without Poverty, WWP) busca estimular un debate más amplio que permita que pensadores y gestores de políticas sociales obtengan una mayor claridad sobre el problema y los medios de enfrentarlo en todo el mundo.

No hay una definición única de pobreza universalmente aceptada. Su concepto depende de los valores de cada sociedad y se determina según la lógica de cada país. Con el fin de trazar estrategias de combate a la pobreza, muchos gobiernos y organismos internacionales adoptan una medición de la pobreza basada en los ingresos o en el poder adquisitivo de las personas.

Según ese punto de vista, pobres serían las personas cuyo nivel de renta o consumo per cápita de su familia u hogar esté por debajo del mínimo esencial para suplir las necesidades humanas básicas. Ese mínimo suele denominarse la «línea de pobreza».

Como lo necesario para satisfacer las necesidades básicas varía en el tiempo y se adecúa a las particularidades de cada sociedad, las líneas de pobreza también varían, y cada país define líneas pertinentes para su nivel de desarrollo, normas y valores socioculturales. Así, algunos países adoptan una línea de pobreza oficial para guiar sus políticas de reducción de la pobreza.

Los últimos datos divulgados por el Banco Mundial en octubre de 2016 tienen en cuenta la renta per cápita diaria y apuntan a una caída de la pobreza en todo el mundo. En 2013, año para el cual están disponibles los datos más completos sobre la pobreza global, se estima que 767 millones de personas —10,7 % de la población— viven pro debajo de la línea internacional de pobreza de US$ 1,90 por persona al día. Se trata del menor porcentaje de la historia de la humanidad, según la institución. Unos 1.100 millones de personas han salido de la pobreza extrema desde 1990.

En los últimos años, la comunidad internacional de protección social ha indicado la necesidad de tener en cuenta aspectos multidimensionales junto con la insuficiencia de renta para determinar la pobreza. El índice de pobreza multidimensional (IPM), creado en 2010 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), complementa los indicadores monetarios de pobreza teniendo en cuenta otras privaciones en las áreas de salud, educación y nivel de vida, con el fin de calcular el nivel medio de pobreza de un país, estado, municipio o barrio.

La pobreza en Brasil. Durante la primera década de este siglo, el crecimiento económico, el fortalecimiento del mercado laboral formal, el aumento del salario mínimo y la expansión de políticas sociales han contribuido al aumento de la renta de los pobres en Brasil. Esos factores condujeron a un descenso de aproximadamente un 80 % en la desigualdad entre 2003 y 2013 (Banco Mundial, 2016).

Se calcula que el Bolsa Familia (PBF), el principal programa de transferencia condicionada de renta de Brasil, es responsable por sí solo de una reducción de entre el 10 % y el 15 % de la desigualdad de renta registrada en esa década.

Con la institución del PBF en 2004, el gobierno brasileño estableció la renta per cápita mensual de R$ 50 y R$ 100 como umbrales para la definición de la pobreza extrema y la pobreza, respectivamente. Desde entonces, esos umbrales han sido ajustados anualmente según la inflación en el consumo. Actualmente, la línea de pobreza extrema está fijada en una renta per cápita mensual de hasta R$ 85, y la línea de pobreza, en una renta per cápita mensual de entre R$ 85,01 y R$ 170.

La Encuesta Nacional por Muestra de Domicilios (PNAD) de 2014 muestra también esa reducción en la pobreza extrema. Entre 2013 y 2014, la tasa cayó un 29,8%, especialmente debido al continuo aumento de la renta familiar per cápita real de R$ 549,83 en 2004 a R$ 861,23 en 2014, y a la reducción de la desigualdad, expresada en la reducción del 9,7% en el índice de Gini desde 2004.

Además de complementar la renta de las familias, el PBF es un aliado en el combate a la pobreza, pues ofrece acceso a la salud, educación, servicios de asistencia social, seguridad alimentaria e inclusión productiva. Por todos esos motivos, el sistema de protección social brasileño se ha convertido en una fuente de inspiración para el mundo en desarrollo. Con su red de asociados, el WWP permite que el conocimiento generado por esas políticas sea compartido con otros países en desarrollo, ofreciéndoles herramientas de superación de la pobreza.